Elaborando Futuro
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Territorio, Propiedad y Sociedad

aves

 

Por: Luz María Esperanza Gómez A. - octubre 31 de 2018

A los seres humanos que somos parte de la cultura occidental, parece que nos está llegando la hora de tener que aumentar nuestra comprensión del significado de habitar el territorio el cual, sólo parece tener valor cuando de mostrar la propiedad sobre el mismo se trata. Las armas y el dinero han tenido mucho que ver con esta percepción, los modelos hegemónicos de conquista y sus formas de partirlo en pedazos, registrarlos en Notarías y dejarlos como herencia de estatus y poder sobre quienes no pueden mostrar registros similares, han sido responsables de esta situación.  
 
Cuando elegí estudiar psicología, en la Universidad Nacional, lo hice pensando que era el lugar perfecto para ser mejor maestra, acababa de titularme como tal. A los seis años tuve clara la importancia de esta función, la intuición infantil sabe más de lo que pensamos. Me jubilé y, tanto tiempo a mi favor, lo dediqué a caminar cerca de casa ¡Vaya Sorpresa! descubrí un nuevo vecino. No fue amor a primera vista, son veinte años conociéndolo y el amor se hace más grande e intenso cada día. Tiene nombre, Humedal de Córdoba y a mí me dio por titularlo Mi Maestro. Comparto sus lecciones.
 
Cuando el poder de los títulos quiso imponerle a su maltratado estado natural, la camisa de fuerza que para él significaban ciclorutas, plazoletas y mobiliario urbano, ordenando talar mil quinientos de sus árboles, el amor se hizo explícito. No sabía que éramos tantos y tantas sus querientes, como de manera coloquial, nos llamamos los miembros de la comunidad que decidimos protegerlo. Una Acción Popular, fallada a su favor, fue la forma como la comunidad hizo emerger el territorio. Toda organización social tiene su lado bueno. 
 
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Aún queda mucho por defender de su maltratada identidad: espejos de agua que siguen rodeados de arroyos de agua contaminada y aún así ofrecen alimento y abrigo para las ciento treinta especies de aves registradas y los cientos de patos canadienses que encuentran en él descanso luego de sus largas jornadas de viaje y antes de regresar con sus crías a su tierra de origen, tinguas azules y otras con picos amarillos,  azules y rojos que son su emblema, curíes que la gente confunde con ratas, libélulas azules revoleteando con gracia, árboles y plantas que brindan con generosidad, alimento para quienes lo habitan. Es tanta su riqueza en tan sólo cincuenta hectáreas, que ninguna cantidad de palabras dan a basto. 
 
A esta comunidad no la guía el hegemónico sentido de la propiedad, hemos descubierto el valor intrínseco del territorio, tarea nada fácil frente a miles de años donde al territorio sólo se  reconoce por su valor extrínseco: propiedad y productor de recursos transformables en dinero. Su valor intrínseco hace referencia a la forma como él, amante maestro, enseña a construir la realidad en cada interrelación que establecemos, consciente o inconscientemente con él, haciéndonos vivir las consecuencias de nuestras acciones, enseñanza donde la pringamoza es todo un genio. Las aves con sus nidos enseñan no sólo a sostener la vida, también, a sustentarla. Se hace necesaria una explicación, sustentar no es igual a sostener, jugando con las metáforas, sostiene el sostén, sustenta el seno. 
 
El territorio es la forma como se expresa la sabiduría infinita de la vida. Los árboles sostienen y sustentan, sus flores son maestras de la atracción, sus semillas nutren, el suelo conserva y protege, el agua sabe de oportunidades y sequía. Aún estemos a tiempo de prestar atención a sus enseñanzas y garantizar un mejor futuro para la humanidad. Gracias Maestro, lo amo.
 
El Humedal de Córdoba es territorio de inmensas riquezas.
 
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Pato Barraquete, Chorlito patiamarillo y Libélula (Caballito del diablo).
 
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Picocono rufo y Búho Currucutu.
 

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